miércoles, 25 de junio de 2014

Capitulo I: La casa del espejo


"Una vez cruzado el espejo,
tan sólo los acontecimientos serán mi guía
y de ellos aprenderé,
O sólo quedará la locura para entender
lo que ni la razón puede conocer"

Aunque puede parecer el mismo lugar donde estuve antes de cruzar, no está ordenado o está desordenado, y allí, entre las cenizas, está el tablero de Ajedrez. Hay varias piezas de color negro y de color blanco, parece que todavía no me puedan ver u oír. Las cojo a mi antojo y no entienden que ocurre mientras juego con ellas.

Así, por primera vez vi al Rey blanco y a la Reina blanca, un descubrimiento. Son hermosas piezas y es divertido verlas agitarse espantadas mientras sobrevuelan el tablero por la acción de mi mano inquieta.

En la mesa, un libro, se titula "Aítamilag", no es de extrañar que esté al revés pues he cruzado el espejo y no tardo mucho en averiguar, que en realidad, se titula "Galimatía".

Y decía así:

Galimatía


"Y así, mientras peripleaba virtuosa.
¡¡Allá la Galimatía, fuego en los ojos,
que surge del bosque frutal
y se acerca raudo y cojeando!!

¡Pim, pam y zas! Una y otra vez
arriba, abajo la tizona vorpal!
Bien frito dejó al monstruo, y con su ingesta
¡volvió rimpeante galopando!"

"Pero ¡ay! ¡Si no me doy prisa voy a tener que volverme por el espejo antes de haber podido ver cómo es el resto de esta casa! ¡Vayamos primero a ver el jardín!"







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